EUPHORIA Y EL GRAN SALTO... ¿DEL TIBURÓN? | EnClave de Cine

EUPHORIA Y EL GRAN SALTO... ¿DEL TIBURÓN?

EUPHORIA (2019-), creada por Sam Levinson: estreno de la 3ª temporada

Toda serie de ese nutrido y a la vez tan variopinto subgénero televisivo de las series de instituto, adolescencia o como las queráis llamar se enfrentan siempre, tras unas pocas temporadas, sin excepción, por su propia naturaleza, a ese inevitable dilema: o cambian por completo la generación de protagonistas, quizás manteniendo, además del espíritu, algún que otro personaje a modo de nexo (no se me ocurre mejor paradigma de este modelo que la británica Skins); o bien siguen a la generación original en el inicio de sus vidas "adultas" (a lo Sensación de vivir), o también pueden optar por una fórmula mixta, híbrida entre ambos modelos, como hizo Glee en sus últimas tres temporadas, una vez graduado el elenco original.

Euphoria, naturalmente, no iba a ser excepción a esta norma, pero sí se ha recreado en su tan intrínseca heterodoxia y le ha dado una doble vuelta de tuerca a esto. En efecto, seguimos con Rue, Jules, Nate, Cassie, Lexi y Maddy, pero, a diferencia de lo que nos tienen acostumbrados este tipo de series en su etapa de "madurez", no hay ni rastro de universidad ni de todas esas primeras aventuras de "jóvenes adultos" a las que estamos más acostumbrados, no. Para nada, de hecho.

Sam Levinson, padre de la criatura, se marca una gran elipsis y nos presenta la acción cinco años después del final de la segunda temporada, sin rastro ni referencia a ese rito de paso que es la graduación. Si eso, la única universidad que se muestra es, con perdón del lugar común, la tan manida "universidad de la vida", en todas sus posibles vertientes: los hay más afortunados, que disfrutan su casa propia y su vida independiente y detallan sus planes de boda; y las hay quienes sus dinámicas de vida las han atrapado en un círculo vicioso (nunca mejor dicho) de sordidez, violencia y bajos fondos. Por el medio, los primeros pinitos en el mundo profesional, con desiguales resultados. Y otras situaciones totalmente distintas que han surgido e irán surgiendo.

Aunque también, siendo escépticos, puede que el gran salto no haya sido el temporal, sino el del tiburón, con doble tirabuzón y caída en plancha. La serie cuya frescura tonal y narrativa y cuyo poderío visual nos sorprendió (para bien) el año I a.P. (antes de la Pandemia), que nos entretuvo durante esa misma pandemia con dos brillantes episodios de entretiempo (centrados en Rue y Jules) y que cumplió en general las expectativas con su esperadísima segunda temporada haya llegado quizás al punto de haber dado ya todo lo que podía dar. Y ese escepticismo aumenta inevitablemente si analizamos la trayectoria de su creador fuera de Euphoria, desde el estreno de esta: ¿estará esta tercera temporada cerca de la arena de la brillante Malcolm & Marie, o más bien de la cal de la bochornosa y lamentable The idol?

Como no tengo una bola de cristal para ver el futuro ni una máquina para viajar adelante en el tiempo (si tuviese cualquiera de estas herramientas, tened claro que las usaría antes para muchas otras cosas) me quedaré para verlo, a ser posible disfrutarlo y, desde luego, contároslo por aquí mismo. De momento, tres caras nuevas de relumbrón: Sharon Stone, Adewale Akinnuoye-Agbaje (Mr. Eko en Perdidos) y Rosalía. Sí, la mismísima Rosalía.

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