Crítica de DIGGER (2026) de Alejandro G. Iñárritu | EnClave de Cine

CAVANDO HASTA TOCAR HUESO - DIGGER, de Alejandro González Iñárritu

DIGGER (2026) de Alejandro González Iñárritu

Sobre papel, Digger, la nueva película de Alejandro González Iñárritu, tiene todo a su favor. Empezando literalmente por el papel, el cartel de la película ha sido realizado por el legendario artista pop Ed Ruscha, que durante la promoción de la película se refirió a ella como una obra épica. Y sí, como suele ocurrir en la obra del director, hay bastante épica y grandiosidad en las desventuras de este magnate de los combustibles fósiles, interpretado por Tom Cruise. Una épica tratada de forma satírica, con personajes poderosos pero absurdos, con decisiones que afectan al gran esquema de los asuntos mundiales, y en última instancia a la "gente común", como diría la conocida canción de Pulp.

Y esa conjunción de grandilocuencia y absurdo funciona muy bien para hablar de los tejemanejes del poder, como también entrelaza con maestría una trama paralela que sirve a modo de reflexión sobre el mundo del arte, demostrando cómo las críticas al sistema pueden ser recicladas por el poder para retroalimentarse.

Sin embargo, la película solamente es efectiva en escenas puntuales, sobre todo al principio, planteando la situación, y en su conclusión, donde se manifiesta la parte más corrosiva de su mensaje, cerrando el metraje de una forma muy hábil, y redimiendo parcialmente a una sección central con muchos altibajos, personajes yendo y viniendo por diferentes localizaciones, entre conversaciones y monólogos con una gracia e interés muy variable, con momentos donde todo parece dilatarse y redundar sobre las mismas cuestiones.

Otro punto a favor es que recuperamos a Tom Cruise para el cine de autor, donde suele dar lo mejor de sí. Sin desmerecer sus trabajos en sagas de acción, recordemos, merecidamente, su talento al servicio de Oliver Stone o Kubrick. Cruise, que ha dicho llevar décadas queriendo colaborar con el director, viene acompañado de un elenco de secundarios de lujo, como Jesse Plemons, Sandra Hüller o John Goodman.

La interpretación protagonista es de lo mejor de esta obra, sin embargo, el resto de personajes no brillan particularmente, pese al talento de sus actores, con excepciones como Riz Ahmed, en su papel de científico arrollado frente a la personalidad de su jefe, o Plemons, quizás de los mejores actores actuales en el panorama norteamericano, en un papel pequeño pero clave, con una presencia inquietante.

También vuelve la colaboración con el multioscarizado director de fotografía Emmanuel Lubezki. Con un formato VistaVision de 35 milímetros y una relación de aspecto 1.50:1 –proporción 3:2, más cuadrada de lo habitual hoy en día–, han usado muchos planos de contrapicado cercanos a los personajes, todo para resaltar la sensación opresiva y desesperanzada de su entorno, recalcándolo con predominancia de colores grises y desaturados. Sin embargo, no ha resultado el trabajo visualmente más interesante de sus colaboraciones.

Iñárritu tenía muy buenos elementos a su favor, y vuelve a demostrar capacidad para escenas memorables, pero también se diluye en esas idas y venidas de personajes grises en entornos grises. En última instancia, hay valor en esta sátira, donde finalmente resuena una verdad muy amarga sobre la realidad de este entramado económico y político en el que todos somos actores, de una forma u otra.

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