PUTA VIDA, PERO QUÉ RISAS - Adiós a MUERTOS S.L.
MUERTOS S.L. - 4ª temporada y final
Imaginaos una serie que nos hable sin pudor alguno de todas las miserias humanas, sobre todo la que se supone (o no) que es una de las peores: la muerte. Y que el resultado, buscado y conseguido, sean las risas más desternillantes, la carcajada más pura y desvergonzada. Eso es Muertos S.L., sitcom española que acaba de echar el cierre tras cuatro logradas temporadas.
Voy incluso más allá (nunca mejor dicho): salvando las distancias (lo que tengan que ser salvadas), lo que buscó (y consiguió) A dos metros bajo tierra en el terreno de la comedia negra, con la muerte como eje central, aquí se despliega con la marcha directa, en un formato de media hora, con una estética cercana al falso documental… en resumen, cortita y al pie. Además, curiosamente, ambas comparten no sólo la "temática", sino también el punto de partida: la muerte repentina del patriarca de una funeraria.
Los hermanos Alberto y Laura Caballero, sobrinos -consanguíneos e artísticos- de José Luis Moreno, que llevan más de dos décadas conquistando a la audiencia española con Aquí no hay quien viva, primero, y La que se avecina, después, se consolidan, aún más si cabe, como unos de los mayores referentes de nuestra comedia televisiva, tanto con esta serie como con Machos alfa, también en Netflix, que estrenó en abril su quinta temporada y se despedirá con una sexta y última. No en vano, Muertos S.L. comenzó su andadura en Movistar+, pero a partir de su tercera temporada el gigante del streaming no dudó en hacerse con sus derechos.
Donde esta comedia encuentra su mayor virtud es, sin duda, en su variopinto y esperpéntico elenco de personajes, cada cual más extravagante y miserable que el anterior. Empezando por el que se puede considerar "protagonista" (el relato es bastante coral), Dámaso (Carlos Areces), quintaesencia del trepa rastrero y mezquino, a la par que "polipatético". O Nino (Salva Reina), "jeta" premium a calzón quitado y con una capacidad para liarla en la línea de los clásicos de la "comedia de la catástrofe" española.
Un capítulo aparte merece Chemi (Diego Martín), que bien podría llenar por sí solo una sección en Pantomima full sobre la flipadura de los visionarios empresariales y demás vendehumos contemporáneos, cuyas delirantes ocurrencias fueron en continuo aumento con cada temporada. Desde Chollogrosa (servicio funerario low cost) hasta su fallida adaptación del seizenso japonés (una suerte de "entierro en vida"), en su cabeza todo sonaba espectacular. Sus insuperables ideas "rompedoras" quedarán para la posteridad.
Luego tenemos también las supersticiones místicas de Olivia (Aitziber Garmendia) y Manuela (Adriana Torrebejano), la desconexión social de Abel (Gerald B. Fillmore), la inocencia de Morales (Roque Ruiz) -sobre todo respecto de las intenciones de Dámaso con su madre, que interpreta Elia Galera- o Nieves (Ascen López, fallecida a pocas semanas del estreno de la temporada), el hartazgo pragmático de Anselmo (el veterano Manolo Cal) o los momentos -siempre con giro sexual de por medio- de Laia (Lorea Intxausti), que completan esta extravagante colección de sujetos para el recuerdo. Amaia Salamanca pone la guinda como la estrella invitada, némesis particular del particular. Y la potuga, sobre todo la potuga.


