ELIGE LA VIDA: 30 AÑOS DE TRAINSPOTTING
No hay nada que mejor ayude a comprender el paso del tiempo -sobre todo, del tiempo de nuestro propio arco vital, que es el que más nos importa y afecta- como preguntarse, cada año, qué películas, series, canciones, discos, eventos, acontecimientos, productos, etc., cumplen 10, 20, 25, 30 años… El "parece que fue ayer" llevado a su máxima esencia. Y en algo tan estrechamente vinculado a la memoria y el imaginario colectivo como es el cine, pues aún más si cabe.
Sigamos hurgando en esto. En la mitad de esos 30 años que han pasado desde el estreno en España de Trainspotting, es decir, hace ya 15 años, esta entonces joven pero igualmente humilde web alcanzaba el medio millar de entradas y, a modo de celebración, nos juntamos redactores y colaboradores para decidir las mejores películas de los 20 años anteriores (de 1990 a 2010), a rebufo del mismo ejercicio que se habían marcado en Babelia a principios de aquel 2011, que ya no parece tan ayer. En el recuento, la película más citada (en siete de las 16 listas, nada menos) fue precisamente la obra maestra de Danny Boyle, "cumbre generacional" de los noventa, "que llevó al siguiente nivel, estético y sociológico, la tradición británica del cine social urbano".
Pero hay más. Pasados 21 años de aquel estreno, es decir, hace ya nueve, se estrenó T2: Trainspotting. Una secuela que, efectivamente, no era necesaria, pero que tras verla con la oportunidad que merecía, sí resultaba justificada. Nuestro compañero Alex Merino la definió en su día como una "oda a la buena mala vida", marcada por una "frenética y desatada imperfección", más allá de un mero ejercicio de nostalgia. Y sobre todo, nos dejaba una gran reflexión final: "hay cosas que sobreviven al paso del tiempo: las pasiones violentas, las amistades peligrosas, la necesidad de una buena sacudida a tiempo".
Quiero detenerme en esto último, ahora que se han cumplido tres décadas de esta icónica película, adaptación la novela homónima de Irvine Welsh. La necesidad de una buena sacudida a tiempo, sí, porque no basta sólo con elegir la vida: todo vuelve, también eso que prometimos siempre dejar atrás, y es mucho más fácil de lo que nos gustaría reconocer recaer y reentrar en eso que no hacía más que destrozarnos. Un masoquismo cíclicamente redundante. Además, el drama de la droga que aniquiló a la juventud británica (y la española, por supuesto) en los ochenta y buena parte de los noventa dio paso a otro tipo de "drogas", como ilustra tan bien el discurso de "Elige la vida" 2.0… y que desde entonces no ha sido más que in crescendo y a pasos cada vez más agigantados.
En definitiva, una película no necesita ponernos delante del espejo para evaluar nuestra propia vida y nuestras decisiones para ser una obra magna, ni siquiera para ser buena o incluso correcta sin más. Pero quizás cuando su visionado viene acompañado de ese tipo de reflexiones es más probable que nos cale en el imaginario, individual y colectivo, y pueda ser objeto, décadas después, de textos como este.
