IN MEMORIAM DAVID LYNCH (I): ARTISTA Y MÍSTICO DEL CINE
(II: ensayos sobre un cineasta hipnótico)(III: en el corazón de la rosquilla)
Esta mañana abro redes sociales, y entre un mar de homenajes, me parecen especialmente entrañables las palabras que le dedica Sam Lake. El celebrado guionista y director de videojuegos habla de la enorme influencia que el director de cine David Lynch ha tenido en su trabajo -evidente para el que haya visitado los mundos de Alan Wake o Max Payne, entre otros-.
Lo primero que me cruza la mente leyendo alabanzas, es que, por una vez, no me parecen exageradas. Se ha ganado un puesto destacado en la historia del cine, y su influencia, además de incalculable, tiene visos de perdurar para siempre.
Luego pienso en el comienzo de Terciopelo azul. También pienso en Una historia verdadera, una rareza en su filmografía, dicen -rareza entre rarezas, en todo caso-. En Mulholland Drive, que me disgustó en su día, y un revisionado reciente cambió drásticamente mi opinión.
Pero si tuviera que escoger una obra, tendría que ser Twin Peaks. La vi en VHS, grabada de emisiones televisivas intempestivas allá por 2006, recuerdo ver los capítulos con mi hermano, presenciar el microcosmos que era ese pequeño pueblo, sus habitantes, inmersos en aquella extraña mezcla de melodrama, humor absurdo y terror. No es una serie perfecta, pero es fascinante. Y el retorno a Twin Peaks de 2017, que tampoco fue perfecto, pero sí fascinante de nuevo.
También recuerdo descubrir su particular personalidad mediática, sus reflexiones sobre arte y cine, aquel peculiar libro suyo sobre meditación y creatividad.
En los 2010, cuando todos éramos irónicos y empezábamos a reproducir la cultura como memes, nos hacía gracia su personalidad entre señor amable y viejo cascarrabias, entre cinéfilos proliferaban vídeos suyos, hablando mientras expone cosas cerrando los ojos, agitando los dedos en el aire, como palpando algo invisible que no se puede describir del todo con palabras. Pero, sobre todo, me llamó la atención su férrea postura de no explicar sus obras, resumida en una máxima que se le atribuye – se non è vero, è ben trovato-, cuando se le pregunta por qué no conversar sobre sus películas, responde "las películas son la conversación".
Para cerrar mi pequeño homenaje, no se me ocurre nada mejor que sus propias palabras, en una conferencia de prensa en 2006, durante el Festival de Venecia:
“El cine es un lenguaje tan hermoso… tenéis el don de las palabras, pero el cine es algo que trabaja con cosas más allá de las palabras, y es tan hermoso… dejarse llevar por el cine es como dejarse llevar por la música, y el intelecto fluye al mismo tiempo, es tan fantástico. Te habla, pero no solamente con palabras. Así que acude abierto, entra, y ten una experiencia en un mundo diferente”.
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