HÉROES DE OTRA PASTA - Adiós a STRANGER THINGS
STRANGER THINGS - 5ª TEMPORADA Y FINAL
Los cantares de gesta heroicos con elementos fantásticos de por medio solían caracterizarse por un valiente y osado hombre de a pie que acababa salvado al reino del dragón o monstruo de turno y, como recompensa, promocionaba a caballero o incluso, matrimonio mediante con la princesa a la que salvó, a príncipe o rey. En cambio, en este "heroísmo" de chavales de a pie de los ochenta, tan típico del cine de la era Reagan y que esta serie emula en todos sus elementos desde el minuto 1, aquellos volvían a su realidad cotidiana una vez salvaron el mundo de esas mismas amenazas que la alteraron.
Ese era el camino más lógico posible que podía marcar el final de Stranger things, la serie fantástica y de ciencia ficción por excelencia de la última década, y cuyos creadores, los hermanos Duffer, van más allá y leen como el fin de la infancia y el inicio de otra fase vital, es decir, la transición a la vida adulta. Las aventuras de cuatro preadolescentes geeks empezaron nueve años atrás en el sótano de la casa de uno de ellos y en ese mismo sótano la serie dio su último aliento, cinco temporadas después. Y por supuesto, con un relevo generacional de por medio, ese mismo que ya se dejaba caer en el brillante final de la 3ª temporada (que tuvo sabor a series finale en todos sus aspectos) cuando Erica recibía los manuales de Dragones y mazmorras.
Mención aparte merece el episodio final, que supera las dos horas de duración, con una estructura bien diferenciada y marcada. Una vez cumplida la misión principal (como toda campaña de rol que se precie, que nunca es eterna) y salvado de las tinieblas para siempre "el mundo" de Hawkins, los Duffer y su equipo nos reservaron un largo epílogo que daba cierre a lo que realmente nos ha hecho amar esta serie a lo largo de casi una década: sus personajes. Tanto los que estaban desde el principio como los que se fueron sumando por el camino. Evidentemente unos con mayor peso y mejor desarrollo que otros, algo inevitable, lo que probablemente ha implicado a una menor relevancia en el plano emocional en esta temporada de despedida de Eleven, la heroína por antonomasia de la serie y su cara más visible desde que empezó, lo que no se le puede reprochar a sus creadores, visto el destino desigual que le tenían preparado a ella y al resto.
Quedarán así para siempre momentos como el homenaje de Dustin a Eddie en su espectacular discurso como el primero de la promoción. Los relatos de Mike con los que, mediante sus respectivos alter egos ficticios en el rol, nos exponía el destino de cada uno de los chicos de la pandilla. La reunión de los "jóvenes adultos" (Nancy, Jonathan, Steve y Robin) en el tejado, hablando de sus planes de futuro y su llamamiento a reencontrarse cada cierto tiempo. O cómo no podía ser otra que Joyce "Madre Coraje" Byers (una Winona Ryder que ha visto relanzada su carrera gracias a esta serie) quien le diese la estocada definitiva al Gran Jefe Final de la mazmorra (Vecna, Desuellamentes o como se quiera llamar, al final, en la práctica, formaba parte todo de un mismo ente).
Pero, sobre todo, el momento de la confesión más íntima Will Byers, probablemente el personaje mejor construido de toda la serie, cuya desaparición marca su punto de partido y cuya evolución, paulatina y creciente, eclosiona en esta quinta y última temporada, tanto en lo "divino" como en lo humano, y marca dos de sus momentos clave. Y que hábilmente han esperado al momento más oportuno para sacarlo a la superficie, sin que parezca, para nada, ni forzado ni metido con calzador, todo lo contrario. Representa el máximo exponente de esa búsqueda de aceptación por parte de sus seres más queridos que buscan (buscamos) las personas inseguras, particularmente en una fase tan frágil de la vida como es la adolescencia.
Ese epílogo, redondo, encierra también un enigma, un interrogante sobre el destino real de la heroína, Eleven, que dio pie a numerosas teorías y especulaciones, y hasta el rumor de un noveno episodio, con un final alternativo, al que muchos dieron credibilidad a medida que pasaban los días. Yo tengo clarísimo que Stranger things, al menos su macrorrelato principal y primigenio, ha quedado más que cerrado. Pero también sabemos que se vienen varios spin-off, de los que aún no conocemos más que su mera existencia. Así pues, ¿quién sabe? Este gran enigma final -aunque no deberían quedar dudas si se fija uno en todos los elementos que teníamos delante de los ojos- puede ser esa puerta -ordinaria o interdimensional, qué más da- a esos spin-off que algunos recibiremos con los brazos abiertos. No por haber quedado insatisfechos con el desenlace, sino por haber quedado tan prendados de este universo ficticio y sus personajes que siempre vamos a ver con buenos ojos que nos den más raciones (mientras sigan siendo digeribles, claro está).
Pero el verdadero colofón de ese homenaje a sus personajes y a su propio universo, y de ese inevitable fan service al que acaba tendiendo productos de culto que se extienden varios años en el tiempo (lo cual no es algo malo, en este caso todo lo contrario), los brillantes títulos de crédito finales, con referencias incluidas a todos esos personajes que se quedaron por el camino. Y todo ello al ritmo de Heroes, de un David Bowie al que también rinden tributo, cumplida una década de su adiós -y un tema muy relevante a lo largo de la serie, ya presente, mediante la versión de Peter Gabriel, en dos momentos clave previos como la aparición del cadáver (falso) de Will y el citado final de la 3ª temporada, con una fortísima carga emotivo-. Porque sí, estos chicos fueron unos auténticos héroes, hechos de otra pasta -esa misma de la que están hecha los cómics y los manuales de rol-, pero héroes al fin y al cabo.
La temporada final de Stranger things no llega a la redondez, frescura y sorpresa que supuso la inaugural, ni a la sólida madurez de la cuarta, pero desde luego, sirve una despedida más que digna y notable, y a la altura de lo que ha significado esta serie todos estos años.



