LA SOLEDAD EN LA NIEVE - ‘LOS QUE SE QUEDAN’, de Alexander Payne

LOS QUE SE QUEDAN - The holdovers (2023) de Alexander Payne

Hace ya casi cuatro décadas, John Hughes demostró todo lo que puede dar de sí un fin de semana de encierro punitivo en un instituto de cinco jóvenes con vidas muy aparentemente distintas entre sí. El club de los cinco se convirtió automáticamente en una película de culto y ha envejecido a la perfección como relato generacional, icono de los ochenta e hito del cine juvenil. En cambio, con esta película Alexander Payne y David Hemingson le dan varias vueltas a una premisa de base parecida pero elementos constitutivos muy distintos y, por tanto, obtienen un resultado notablemente diferente, aunque excelente en la misma medida.

A diferencia de la película de Hugues, Los que se quedan proyecta un relato hacia el pasado, lo sitúa en un plano completamente distinto en lo temporal (un período de encierro más extenso, pero, sobre todo, en unas fechas muy significativas, como son las navideñas) y en lo espacial (una escuela privada de élite, en régimen de internamiento). Pero, sobre todo, el principal elemento diferencial de este film es el conflicto intergeneracional entre sus personajes principales, lo cual, unida a las evidentes y marcadas diferencias de clase derivadas del citado marco espacial, dan pie a una sucesión muy interesante de reflexiones y conclusiones.

Este "encierro" navideño supone un castigo para el profesor responsable, solitario y cascarrabias, y una resignación forzosa para el personal de servicios de la escuela, con jornadas extra muy seguramente mal pagadas y, en el caso de la cocinera, sin ni siquiera un sitio al que llamar hogar. Sin embargo, en cuanto a los pocos alumnos -todos varones- que no vuelven a casa por vacaciones lo que se deja entrever, tanto en general, como en especial en el caso del adolescente coprotagonista, es una situación de desapego con respecto a los suyos, incluso diría de "desamparo" emocional, precisamente en unas fechas que van -o eso nos quieren vender, entonces y ahora- de exactamente lo contrario. 

Docentes, obreros llanos y niños de papá, todos ellos en su singular "cárcel" (más existencial que física)... pero que también encuentran, en la candidez del tiempo navideño -sea más o menos impostada-, su clima de redención particular. Y lo hacen a través de las relaciones interpersonales, que generan unas conexiones inesperadas en todos ellos, rozando la amistad (accidental) en la medida que el contexto y las diferencias de estatus lo permiten.

Alexander Payne logra su mejor película desde Nebraska. Su principal virtud, una vez más, se encuentra en la dirección de actores, con un trío protagonistas en estado de gracia: Paul Giamatti, ese eterno secundario, borda una de las interpretaciones de su carrera; Da’Vine Joy Randolph (un servidor debe confesar que la desconocía hasta esta película) está formidable como necesario contrapunto a sus partenaires masculinos, desde la posición de un mucho más arduo recorrido vital, y Dominic Sessa, una grata revelación -a seguir de cerca a partir de ahora-. Almas perdidas, cada una a su particular manera y con circunstancias personales totalmente dispares, pero solas, en definitiva. Entre los personajes secundarios destaca el interesante contraste que supone el personaje de Carrie Preston, que a su vez funciona como catalizador del estrechamiento de las relaciones de los tres ya citados.

La otra gran fuerza de Los que se quedan está el guión de David Hemingson, en su primer largometraje tras un largo recorrido en el medio televisivo: su hoja de servicios incluye créditos series tan dispares como Dame un respiro, Pepper Ann o Cómo conocí a vuestra madre. Su libreto, logradísimo, maneja muy bien los saltos de intensidad en una historia muy lineal, en especial los altibajos emocionales y las revelaciones argumentales que orientan el sentido de la historia.

En definitiva, mientras El club de los cinco tenía una vocación icónica y generacional, Los que se quedan tiene toda la madera para trascender como relato universal. ¡Un merecido aplauso para Payne, Hemingson y compañía por conseguirlo!

Ficha técnica

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