PORQUE LA VIDA PUEDE SER MARAVILLOSA - ODA A ANDRÉS MONTES

PORQUE LA VIDA PUEDE SER MARAVILLOSA - ODA A ANDRÉS MONTES

Os preguntaréis a cuento de qué viene este artículo. Yo voy más allá y os confieso que lo tenía como borrador desde hace años, bastantes años. Las redes sociales me han recordado que hoy se cumplen nada menos que quince años del fallecimiento del narrador deportivo en lengua española más carismático e irrepetible de todos los tiempos y, por fin, me autoconvencí de que hoy sí, que de hoy no pasaba.

La siguiente pregunta que os haréis será la de qué pinta un artículo así en una web como esta, que lleva el "cine" en el mismo nombre y que con los años ha extendido su área de acción al audiovisual en general, en sentido amplio, y también, de vez en cuando, a la música. Bastaría responder que me apetece y punto, pero incluso queriendo dar un motivo estrictamente racional, ¿acaso la radio y la televisión, dominios en los que este señor desarrolló su carrera (finalizada prematura y repentinamente el 16 de octubre de 2009, con sólo 53 años), no conforman dos de los grandes pilares de este mundo tan amplio que es el medio audiovisual?

Quien me conozca un mínimo lo sabrá de sobra, pero para el que no, confieso que soy y siempre he sido bastante más futbolero que aficionado a cualquier otro deporte, con mucha diferencia. Así que me subí tarde a ese tren, en el que los seguidores más fieles de la NBA en España llevaban tiempo subidos. Pero entonces llegó el Mundial de Alemania 2006, el estreno a lo grande de La Sexta en un evento deportivo de masas, y tuvieron la idea, que tantos no se explicaron, de nombrar como su maestro de ceremonias de la mayor cita del fútbol planetario, al hombre que llevaba años siendo La Voz en español, con mayúsculas, de la mejor liga del mundo... de baloncesto.

Aquella sorprendente decisión supuso para mí una gran bocanada de aire fresco. Acostumbrado al tono repetitivo, plano y tendencioso (por no emplear calificativos más contundentes) de los narradores y comentaristas de aquel entonces, muchos de ellos aún en activo a día de hoy, de repente me vi sumido en un festín de alegría, espectáculo continuo, referencias cinéfilas, apodos ingeniosos y frases pegadizas para la posteridad. En ocasiones veía más los partidos por su narración que por lo que pudiese pasar en el terreno de juego, ¡y hasta volvía a ver algunos repetidos para escuchar su comentario si en mi casa (o en el bar) preferían verla en Cuatro (que también retransmitió aquella Copa del Mundo) o simplemente no se escuchaba bien el audio.

A partir de ahí, me (re)enganché al baloncesto, seguí la ACB como nunca antes había hecho y me tragué más resúmenes de NBA que nunca. Pero sin duda, el éxtasis llegó con los triunfos de la generación dorada del baloncesto español en el Mundial de Japón 2006 (aquel mismo verano) y el Eurobásket de Polonia 2011... y también el de 2007, que perdieron en la final, jugando en casa, sobre la bocina. Y aunque ver jugar a La Familia por aquel entonces ya era una gozada en sí misma, la voz de Andrés Montes lo convertía en el mayor espectáculo del mundo.

Pocas veces las retransmisiones deportivas en directo (o de cualquier tipo de evento, por extensión) han tenido tanto valor añadido.  ¿Cómo no me iban a gustar sus referencias cinéfilas continuas? Desde el "Tócala otra vez, Humphrey Bogart" de Xavi Hernández al alarido de "¡Tiburón!" cada vez que entraba en acción don Carles Puyol. Para la posteridad quedan los tándems que formó primero, en el baloncesto, con Antoni Daimiel, primero, y con Julio Salinas, en el fútbol, después. Aunque la guinda de todo ese valor añadido la ponía en forma de defensa de la alegría y el optimismo como forma de vida, así como de lemas que, por aquel entonces, parecían inocentes, inocuos, pero hoy en día resultan más necesarios que nunca, como ese ya mítico "¡Viva el mestizaje!".

Y pese a todo, los cómicos, los entertainers, esos que tienen la mejor profesión que puede existir, también lloran y sufren.

Cierro proponiendo este texto como un manifiesto por una película biográfica digna sobre este fenómeno. Urge en estos tiempos convulsos. Además, ni siquiera tendrán que pensar mucho en el título, pues el propio Andrés Montes nos lo dejó como su legado: Porque la vida puede ser maravillosa.

In memoriam Andrés Montes (1955-2009)

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