LA SUERTE: UNA SERIE DE CASUALIDADES | EnClave de Cine

AL OTRO LADO DE LO RACIONAL - LA SUERTE: UNA SERIE DE CASUALIDADES

LA SUERTE: UNA SERIE DE CASUALIDADES (2025-), creada por Paco Plaza, Pablo Guerrero, Borja González Santaolalla y Diana Rojo

El azar, la suerte, la casualidad, el destino, la fortuna… Distintos nombres para un concepto tan universal como incierto en sí mismo, inexplicable en su esencia, y al que la ficción -también la audiovisual, por supuesto- ha recurrido en innumerables ocasiones para construir e incluso centrar en él sus relatos. Un claro ejemplo es un cineasta tan universal como Woody Allen, que ha hecho pivotar varias de sus películas sobre este fenómeno: desde las brillante Delitos y faltas o Match point hasta su último estreno hasta la fecha, Golpe de suerte, que ya va al meollo de todo esto desde su mismo título.

Como también supone toda una declaración de intenciones, inequívoca, directa y al pie, el título de esta nueva serie de Disney+ España. Porque... ¿qué pueden tener en común un opositor a abogado del Estado, que conduce ocasionalmente el taxi de su padre para sacarse unas pelas (Ricardo Gómez), con una vieja gloria de la tauromaquia en su "último baile" particular (Óscar Jaenada)? Basta un casual encuentro, un mero capricho del azar (una de las fuerzas más potentes -e incontrolables- del universo), para conectar dos mundos tan opuestos: el de una clase obrera aspiracional que sólo parece encontrar en el sector público, con cada vez más convicción, sus pocas papeletas para apearse al llamado "ascensor social"; y el de una variopinta cuadrilla de un torero andaluz, que abraza todos los posibles tópicos sobre el folclore andaluz en general y del mundo taurino en particular.

Así, de este choque fortuito -cual Amores perros o Crash- nace una nueva extraña pareja de la historia audiovisual: un chaval "de provincias" -como se refieren los de las grandes ciudades a todos los demás, con un cierto tono de superioridad que se ha normalizado tanto que quizás ya no son conscientes de ello-, estudiado y, como mínimo, "agnóstico" en la cuestión taurina, y un torero que confía la garantía de su éxito, en su regreso a las plazas, a un sinfín de cábalas y supersticiones, a la vez envuelto en una (autoconstruida) aura, en un especie de de mística. El Maestro, cuyo nombre real no se nos desvela hasta el último episodio, se presenta como una curiosa vuelta de tuerca al arquetipo del artista atormentado.

Ante todo, rechacen juicios apresurados, estamos ante una ficción. Al igual que afirmo rotundamente que negarse a ver una joya como Ted Lasso por aborrecer el fútbol es una soberana estupidez -y una oportunidad perdida-, con esto no voy a ser menos, aunque esta vez me encuentre "al otro lado". Quien me conozca personalmente sabrá de sobra de mi furibundo sentimiento antitaurino, lo que no me impide apreciar estéticamente una representación ficcionalizada de dicha fiesta -de la cual, por otra parte, no se hace en ningún momento un claro proselitismo, diría que ni siquiera de manera velada-, sin muestra gráfica alguna de violencia contra los animales.

Pero esta serie no va de tauromaquia, sino de la amistad inesperada y, como ya he dicho, especialmente y por encima de todo lo demás, del azar. Precisamente de la fe irracional del Maestro y su cuadrilla, así como la reticencia inicial del taxista -representante del bando racional, por contraposición a todos ellos- en todas esas supersticiones, en todo eso que otros llaman karma, surge la premisa y, a la postre, el núcleo semántico y moral del relato, que opera tanto en su inicio como en su desenlace, que nos deja en plena incertidumbre. Y también, de manera más circunstancial, en una trama secundaria, como es la preparación de la oposición y ese sorteo de los temas con las bolas numeradas, con el que opositores pasados y presentes hemos tenido pesadillas por un tubo y en el que radica, por mucho que nos cueste admitirlo, buena parte de la clave del éxito… o del fracaso.

Por otra parte, se hace muy estimulante este cambio de registro de Paco Plaza, uno de los "papás" de la saga [•REC], que bebe de su experiencia más que consolidada en el género de terror para nutrir con un adecuado tono visual y rítmico y un logrado halo de misterio el clima estético ideal para esta comedia negra en seis entregas. Su mano se hace notar especialmente en el simbolismo hallado en el primer episodio (el gallo y el gato) y en el frenesí, previo momento de máxima tensión, de la recta final del tercer capítulo.

Junto a sus cocreadores Pablo Guerrero (saga Los protegidos), Borja González Santaolalla (que ha trabajado junto a Jaume Balagueró y Borja Cobeaga) y Diana Rojo (El Ministerio del Tiempo) ha construido una serie muy intensa en sus tres primeros episodios, que pierde algo de fuelle en los dos siguientes -si bien la construcción de los dos personajes principales progresa acertadamente (y tanto Gómez como Jaenada están sobresalientes, por separado y en conjunto)- para luego plantarnos un final de temporada más que solvente, que a la vez funciona como epílogo y como antesala para una futura continuación, con una estructura totalmente distinta a los anteriores.

La verdadera suerte es que los espectadores aún tengamos capacidad de sorprendernos, para bien, con planteamientos aparentemente sencillos como este, justo cuando todo parece ya más que inventado.

Ficha técnica

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